Cuando el fútbol empieza a jugar con dinero
Más allá del marcador — Por Fernando Galaz
Siempre me ha llamado la atención cómo el fútbol puede pasar, en cuestión de segundos, de una conversación sobre un partido a una conversación sobre millones de dólares.
Esta vez me pasó con una noticia sobre Gianni Infantino y FIFA.
Hace unos días se dio a conocer una propuesta para crear una nueva empresa comercial de FIFA, llamada FIFA Forward Enterprise, que tendría un valor estimado de alrededor de 20 mil millones de dólares. La idea era vender hasta el 20% de esa empresa a inversionistas privados y conseguir aproximadamente 4,200 millones de dólares.
Cuando leí la noticia, lo primero que pensé fue: ¿por qué FIFA necesita vender una parte de su negocio?
La respuesta que se dio fue utilizar ese dinero para seguir invirtiendo en el desarrollo del fútbol. En principio suena bien. Tener más recursos para apoyar a las asociaciones y desarrollar el deporte parece una buena idea.
Pero después viene la otra parte de la historia.
La propuesta generó muchas dudas entre diferentes organizaciones del fútbol, especialmente por la forma en que se presentó y por quién tendría participación en esos negocios. UEFA y CONCACAF estuvieron entre los organismos que cuestionaron el proyecto. Al final, FIFA decidió retirarlo y posteriormente reconoció que el proceso no se manejó de la mejor manera.
Y aquí fue donde pensé en Manchester United.
El Manchester United es uno de los mejores ejemplos para entender que un equipo de fútbol también puede ser un negocio enorme.
El club cotiza en la Bolsa de Nueva York y en 2024 Jim Ratcliffe, a través de INEOS, compró alrededor del 29% del club. Los Glazer mantuvieron la mayoría, pero Ratcliffe tomó el control de las operaciones deportivas.
¿Por qué me parece interesante compararlo con FIFA?
Porque en los dos casos aparece la misma palabra: inversión.
Pero también aparece otra que me parece todavía más importante: control.
Cuando una empresa recibe dinero de un inversionista, ese dinero puede ayudarla a crecer, pero normalmente viene acompañado de una participación en el negocio o de cierta influencia en las decisiones.
Eso es lo que pasó con Manchester United.
Ratcliffe no compró el club completo. Compró una parte, pero esa parte le permitió tener un papel importante en las decisiones deportivas.
Y aquí es donde creo que el fútbol nos deja una lección que también podemos aplicar a cualquier empresa.
A veces necesitamos dinero para crecer. Pero antes de aceptar una inversión hay que preguntarnos qué estamos dispuestos a entregar a cambio.
FIFA tiene una marca enorme, los Mundiales, derechos de televisión, patrocinadores y una audiencia mundial. Su propuesta buscaba convertir una parte de todo ese valor en dinero disponible de manera inmediata.
El problema es que cuando vendes una parte de un negocio no estás vendiendo solamente dinero.
También estás compartiendo una parte de lo que ese negocio pueda valer en el futuro.
Y eso me hizo pensar en algo muy sencillo.
Si hoy tienes algo que vale 20 mil millones de dólares, ¿realmente necesitas vender una parte para conseguir dinero?
Tal vez sí.
Tal vez no.
Depende de para qué quieres el dinero, cuánto puedes crecer con él y, sobre todo, cuánto vale para ti mantener el control.
Manchester United también nos deja otra enseñanza. Tener una marca enorme no significa automáticamente tener un negocio perfecto. El club ha tenido años complicados en lo deportivo y también ha enfrentado críticas por algunas de sus decisiones financieras y administrativas.
Pero precisamente por eso resulta interesante.
El fútbol nos permite ver algo que también ocurre todos los días en las empresas: una marca puede valer muchísimo y, aun así, tener problemas para convertir ese valor en resultados.
Por eso creo que la noticia de FIFA es mucho más interesante de lo que parece.
No se trata solamente de si Infantino tuvo una buena o mala idea.
Se trata de una pregunta que cualquier empresario puede hacerse:
¿Cuánto vale mi negocio y cuánto estoy dispuesto a compartir para hacerlo crecer?
Quizá esa sea una de las grandes diferencias entre ver el fútbol solamente como aficionado y empezar a verlo también desde el lado de los negocios.
Porque mientras todos estamos pendientes de un torneo o de un partido, alguien más está pendiente de quién está comprando una parte de ese pastel.
Y al final, ese también es un partido.
El partido por el dinero.