Encuentro de Negocios
El análisis semanal de economía, mercados y negocios en México y América Latina, con Bryan Ramírez Huerta.
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Más Allá del Juego — Por Fernando Galaz
Hay noticias de fútbol que uno lee y sigue adelante. Y hay otras que hacen que uno se detenga un poco más, sobre todo cuando detrás de una gran historia deportiva aparecen millones de libras, contratos y decisiones que pueden tener consecuencias durante años.
Eso me pasó esta semana con el Manchester City.
Todos conocemos lo que ha ocurrido con el club en los últimos años. Títulos, grandes jugadores, entrenadores de primer nivel y una inversión que lo convirtió en uno de los equipos más poderosos del mundo. Pero al revisar lo que acaba de suceder, me encontré con una parte de esa historia que me parece mucho más interesante: qué pasa cuando el dinero que ayudó a construir el éxito también puede convertirse en el problema.
Después de una investigación que comenzó hace varios años, una comisión independiente de la Premier League determinó que el Manchester City cometió infracciones graves a las reglas financieras durante nueve temporadas, entre 2009-10 y 2017-18. La resolución encontró que el club utilizó contratos comerciales que no reflejaban los acuerdos reales y que estas operaciones permitieron inflar sus ingresos y reducir sus costos en más de 900 millones de libras.
La cifra por sí sola impresiona. Pero cuando uno la pone en contexto, la historia se vuelve todavía más interesante. Las reglas financieras existen para evitar que los clubes gasten mucho más de lo que realmente generan. Si un equipo reporta mayores ingresos y menores costos de los que tiene, puede aparentar que cuenta con una capacidad económica mayor y utilizarla para gastar más que sus competidores.
Según la comisión, eso fue lo que ocurrió con el Manchester City. De haber presentado correctamente sus acuerdos comerciales, el club habría superado de manera considerable los límites de gasto establecidos por la Premier League y la UEFA durante ese periodo.
Y ahí es donde yo empezaría a ver esta historia menos como un problema de fútbol y más como un problema de empresa.
Porque esto también pasa fuera del deporte. Una compañía puede crecer muy rápido, contratar a los mejores, ganar mercado y convertirse en un referente. Pero si los números que sostienen ese crecimiento no son correctos, el problema puede aparecer años después, cuando el negocio ya parece estar en otro nivel.
En el caso del City hay otro elemento que me llamó la atención. La comisión también concluyó que el club incumplió sus obligaciones de cooperación durante la investigación; tres de las cuatro acusaciones relacionadas con este punto fueron confirmadas.
El Manchester City no acepta esas conclusiones. El club ha negado las acusaciones desde el inicio y el pasado 1 de octubre presentó una apelación en la que sostiene que la resolución contiene errores importantes. Ahora otro panel independiente tendrá que revisar el caso.
Por eso, todavía no conocemos el desenlace. Tampoco existe por ahora una sanción deportiva definitiva. Pueden venir multas, pérdida de puntos u otras medidas, pero todo dependerá de lo que ocurra con la apelación y del proceso que sigue.
Lo que sí sabemos es que una organización que parecía tenerlo todo bajo control ahora tiene que dedicar tiempo, dinero y recursos a defender decisiones tomadas hace años.
Y para mí, ahí está la parte más importante de esta historia.
El Manchester City se convirtió en una de las organizaciones deportivas más exitosas del mundo. Ha ganado títulos, ha construido una marca global y ha demostrado lo que puede conseguir una enorme inversión acompañada de una buena estructura deportiva. Pero cuando uno mira esta historia desde el lado del negocio, aparece una pregunta que me parece difícil de evitar:
¿De qué sirve construir un negocio ganador si las decisiones que tomaste para hacerlo pueden terminar poniendo en riesgo todo lo construido?
Quizá esa sea una de las cosas más difíciles de cualquier negocio: entender que una decisión puede parecer buena durante años y, aun así, terminar teniendo un costo mucho mayor del que imaginabas.
El Manchester City todavía tiene la oportunidad de defender su posición y cambiar el rumbo de esta historia. Pero independientemente de cómo termine, me queda una conclusión muy sencilla.
En el deporte, como en cualquier negocio, ganar importa. Pero también importa cómo ganas.