Encuentro de Negocios
El análisis semanal de economía, mercados y negocios en México y América Latina, con Bryan Ramírez Huerta.
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Más Allá del Juego — Por Fernando Galaz
Durante las últimas columnas he hablado de distintos deportes, pero cada vez me queda más claro que el partido que vemos es solamente una parte de la historia. Detrás hay empresas, inversiones, contratos, aciertos y también decisiones que pueden costar millones.
Por eso, esta columna cambia de nombre. A partir de ahora será Más Allá del Juego. Porque el marcador nos dice quién ganó, pero pocas veces nos cuenta quién ganó dinero, quién lo perdió y qué decisiones llevaron a uno u otro resultado.
De eso quiero hablar aquí: del dinero, los negocios y las decisiones que existen detrás del deporte.
Y hay una tendencia que cada vez resulta más difícil ignorar: los fondos de inversión están entrando al campo de juego.
Durante mucho tiempo, ser dueño de un equipo parecía reservado para familias con grandes fortunas o empresarios que habían construido su patrimonio en otras industrias. Eso está cambiando. Ahora también aparecen fondos de capital privado, firmas de inversión y grupos financieros que ven a los equipos deportivos como activos capaces de generar rendimientos durante muchos años.
Los ejemplos están por todas partes. En agosto, Apollo Sports Capital anunció un acuerdo de US$2,600 millones relacionado con los Yankees, una operación que combina financiamiento y participación en el negocio, mientras la familia Steinbrenner mantiene el control del equipo.
Los Seahawks también son un buen ejemplo. La franquicia fue vendida a un grupo encabezado por Vinod Khosla por US$9,600 millones, y dentro del grupo aparecieron tres firmas de inversión: Carlyle, Dynasty Equity y Sixth Street.
Y en el fútbol ocurrió algo todavía más interesante. En Chelsea, Clearlake Capital pasó a tener el control total después de adquirir las participaciones de Todd Boehly y Mark Walter. El fondo ya era el principal propietario desde 2022, pero ahora concentrará el control del club.
Entonces surge una pregunta sencilla: ¿qué están comprando realmente?
No solamente jugadores. Un equipo representa derechos de televisión, patrocinios, venta de mercancía, boletos, contenido, estadios, experiencias para aficionados y, sobre todo, una audiencia que difícilmente puede replicarse de la noche a la mañana.
Ese último punto es quizá el más importante. Un fondo puede invertir en una empresa tecnológica y enfrentarse a un competidor nuevo en unos meses. Pero no es tan sencillo crear de cero una franquicia con décadas de historia, millones de aficionados y una liga que controla el acceso a ese mercado.
Por eso el deporte empieza a parecerse cada vez más a otro tipo de inversión. Un estudio citado por Los Angeles Times señalaba que, para mayo de 2026, más de 74 equipos profesionales de Norteamérica tenían algún nivel de participación de capital privado.
Pero aquí también aparece la parte que me parece más interesante.
Cuando entra un fondo, el objetivo no deja de ser ganar partidos, pero aparece otro objetivo: hacer crecer el valor del activo.
Eso puede significar construir o mejorar instalaciones, desarrollar nuevas experiencias para aficionados, conseguir mejores contratos comerciales, aumentar los ingresos digitales o encontrar nuevas formas de monetizar la marca. También puede significar tomar decisiones que desde fuera no siempre parecen relacionadas con el deporte.
Y ahí es donde el aficionado y el inversionista pueden empezar a mirar cosas diferentes.
El aficionado quiere que su equipo gane el campeonato. El inversionista necesita que el negocio crezca.
No necesariamente son objetivos contrarios. De hecho, pueden complementarse. Un equipo exitoso puede vender más boletos, conseguir mejores patrocinadores y generar más audiencia. Pero también puede aparecer una tensión cuando una decisión que beneficia al negocio no necesariamente es la que más gusta al aficionado.
Eso es lo que hace interesante esta nueva etapa del deporte.
Porque cada vez que vemos una cifra de miles de millones detrás de un equipo, vale la pena preguntarnos qué hay realmente detrás de ella. Quién puso el dinero, qué espera obtener a cambio y qué decisiones tendrán que tomarse para que esa inversión aumente de valor.
El deporte sigue siendo competencia.
Pero cada vez más también es una inversión.
Y mientras nosotros vemos un equipo, alguien más está viendo un activo.
Eso también es Más Allá del Juego.