El estrecho de Bab el-Mandeb: la otra arma de guerra geopolítica
Desencuentros — Por Bryan Ramírez Huerta
La guerra en Medio Oriente continúa en su punto álgido a pesar de las falsas promesas de una paz duradera y del ir y venir de los mercados, un vaivén que suena más a una estrategia de trading ideada por quienes manipulan la realidad para obtener información privilegiada, comprar o vender en el momento oportuno.
El estrecho de Ormuz se convirtió en un arma de guerra por parte de Irán; desde la guerra de los 12 días contra el Estado de Israel, ya se vislumbraba el bloqueo de este espacio geográfico vital para el veinte por ciento del comercio mundial de petróleo. Meses atrás —para marzo, a decir verdad—, durante una conferencia sobre geopolítica y sus efectos en la economía global, advertí no solo sobre el estrecho de Ormuz, sino también acerca de los riesgos latentes en el estrecho de Bab el-Mandeb.
Este último es otro enclave estratégico, la puerta de entrada al mar Rojo que da acceso directo al canal de Suez. El peligro radica en el firme respaldo que el movimiento hutí de Yemen (Ansar Alá) brinda a la Guardia Revolucionaria Iraní, una alianza mutua consolidada desde aquel conflicto en 2025. La semana pasada, aquel análisis que compartí meses atrás cobró forma: los hutíes anunciaron un bloqueo a los petroleros saudíes. Por ahora la medida se limita a ellos, pero esta restricción en la entrada al mar Rojo pone en riesgo no solo el suministro de energéticos, sino a toda la ruta comercial que transita por el estrecho. Hablamos de otro paso tan estratégico que, de bloquearse por completo, comprometería el más del diez por ciento del comercio global, provocando una nueva fractura en las cadenas de suministro y el regreso del fantasma de la inflación, un indicador que los bancos centrales todavía no logran dominar por completo.
Hoy vivimos tiempos de alta volatilidad. Donald Trump necesita salir urgentemente del conflicto en Medio Oriente para lograr que los combustibles bajen de precio en su país antes de que los votantes acudan a las urnas en noviembre con un voto de castigo en la mano. El tiempo corre, y las elecciones de medio término podrían marcar la debacle o la consolidación de una administración cuyos operadores buscan perfilarse como activos competitivos rumbo a 2028.
Por ahora, cada semana trae consigo un nuevo acontecimiento que sacude los mercados y la economía global; nada inusual dentro de esta compleja era postpandemia.
Nos leemos la próxima semana aquí en Desencuentros.