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Europa también se juega en los despachos

Más Allá del Juego — Por Fernando Galaz

Hay historias del fútbol que se resuelven en el último minuto, con un gol o una atajada. Pero hay otras que se deciden mucho antes de que el árbitro dé el silbatazo inicial, en oficinas, contratos y reuniones donde se toman decisiones que pueden cambiar el destino de un club.

Esta semana quiero detenerme en algo que ocurre alrededor de la Europa League y la Conference League, dos competiciones que suelen recibir menos atención que la Champions, pero que también muestran una parte importante del negocio del fútbol: las reglas que determinan quién puede participar y bajo qué condiciones.

Un caso que me parece especialmente interesante es el del Crystal Palace. Después de ganar la FA Cup inglesa en 2025, el club consiguió un lugar en la Europa League. Era un logro importante para una institución que no suele estar entre los protagonistas habituales del fútbol europeo. Sin embargo, su participación terminó tomando otro rumbo por un asunto que no se resolvió dentro del campo.

El problema estaba relacionado con la multipropiedad. John Textor tenía participación e influencia en Crystal Palace y, al mismo tiempo, controlaba al Olympique de Lyon, otro equipo clasificado para la Europa League. Las normas de la UEFA buscan evitar que una misma persona o grupo tenga influencia decisiva sobre dos clubes que compiten en el mismo torneo, por una razón bastante lógica: proteger la independencia de los equipos y la integridad de la competición.

La UEFA determinó que ambos clubes no cumplían con los requisitos establecidos y decidió aceptar al Lyon en la Europa League, mientras que Crystal Palace fue admitido en la Conference League. El club inglés intentó revertir la decisión, pero el Tribunal de Arbitraje Deportivo rechazó su apelación.

Lo interesante de este caso es que Crystal Palace había hecho lo necesario para conseguir su lugar deportivamente. Ganó un torneo importante y obtuvo el derecho de competir en Europa, pero una estructura empresarial que parecía ajena al resultado de los partidos terminó modificando su destino. No perdió su clasificación por jugar mal, sino por una situación relacionada con quién tenía influencia sobre el club.

Y no es un asunto menor. Cada competición tiene un valor distinto en términos de exposición, prestigio, rivales y oportunidades comerciales. Pasar de la Europa League a la Conference League cambia el escenario deportivo y también puede modificar los ingresos potenciales, los acuerdos comerciales y la proyección internacional de una institución.

La UEFA mantiene estas restricciones para la temporada 2026/27. Sus reglamentos establecen que los clubes deben demostrar que cumplen los criterios de independencia desde el 1 de marzo de 2026 y mantenerlos durante toda la competición. Cuando existe un conflicto entre dos equipos, la normativa establece criterios para determinar cuál puede participar.

Pero la multipropiedad no es el único tema que puede complicar el futuro europeo de un club. También está el control financiero. En junio de 2026, la UEFA anunció sanciones a 14 equipos por incumplimientos de sus reglas de sostenibilidad financiera. Entre ellos estuvieron Newcastle, Juventus, Aston Villa y Chelsea. Newcastle y Juventus acordaron planes de cumplimiento a tres años, mientras que Aston Villa recibió una multa de 22.5 millones de euros, parte de ella condicionada a que reduzca sus costos de plantilla.

Esto demuestra que el crecimiento de un club no depende únicamente de cuánto dinero invierte en jugadores o de los resultados que consigue. También importa cómo está organizado, quién toma las decisiones, de dónde provienen sus recursos y si puede demostrar que cumple con las reglas.

En un fútbol cada vez más conectado con fondos de inversión, grupos empresariales y propietarios que participan en varios equipos, estos asuntos van a tener mayor importancia. Tener más de un club puede ofrecer ventajas para desarrollar jugadores, compartir conocimientos y construir una estructura deportiva internacional, pero también plantea preguntas sobre los límites de esa influencia y sobre la independencia de cada institución.

Por eso creo que la Europa League y la Conference League permiten observar algo que a veces queda fuera de las conversaciones sobre fútbol. No todo se decide en los noventa minutos. Un club puede ganar un torneo, conseguir una clasificación y preparar una temporada europea, pero si sus decisiones empresariales y administrativas no están en orden, puede terminar jugando una competición diferente o incluso quedarse fuera.

Porque ganarse un lugar en Europa es una cosa; tener todo en regla para ocuparlo es otra muy distinta.