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La cumbre entre China y Estados Unidos: la consolidación de un mundo multipolar y un nuevo orden mundial

Desencuentros — Por Bryan Ramírez Huerta

Hace más de una década comenzamos a advertir la construcción de un nuevo orden multipolar. La influencia global de Estados Unidos ha retrocedido gradualmente, dando paso a potencias que ya no son meramente emergentes, sino actores totalmente consolidados. Si bien China y Rusia marcaron el pulso inicial de este reordenamiento —ejerciendo influencia en África, América Latina y Medio Oriente, respectivamente—, la cumbre sostenida la semana pasada entre Xi Jinping y Donald Trump representa una clara señal de reconocimiento a esta nueva realidad geopolítica: un sistema donde ya no opera una potencia hegemónica única, sino múltiples centros de poder.

A través de bloques económicos y estratégicos como los BRICS+, se concentra un conglomerado de naciones que redefinen la gobernanza global y desafían la arquitectura financiera tradicional. No resulta extraño, por tanto, que Washington intente asegurar su esfera de influencia en el hemisferio occidental, un objetivo que parece estar alcanzando mediante la alineación de gobiernos afines en diversos puntos de América Latina. Esta redistribución responde a una partida de ajedrez compleja: por un lado, Rusia mantiene a Estados Unidos ocupado y a los socios europeos desgastados en el sostenimiento financiero y militar de una Ucrania extenuada; por el otro, China expande con sigilo su hegemonía comercial a escala global, sin perder de vista su pretensión histórica sobre Taiwán, un territorio cuya reincorporación sigue latente en el horizonte asiático.

¿Y qué hay de Medio Oriente? Irán, miembro clave de los BRICS+, continúa reconfigurando la ecuación de seguridad regional. Su capacidad de disuasión militar —evidenciada en el desarrollo de tecnología de misiles avanzados— y su control estratégico de cuellos de botella comerciales y energéticos demuestran que los conflictos contemporáneos se libran bajo una lógica híbrida, donde la geografía y las rutas de suministro pueden asfixiar a cualquier economía enemiga.

Aquel nuevo orden que anticipábamos hace diez años, durante el primer mandato de Donald Trump, hoy es una realidad indiscutible. Desde nuestra región, el gran desafío es comprender cómo estas ondas expansivas afectan nuestra estabilidad económica y social.

Por lo pronto, este nuevo orden multipolar se enfrenta a vulnerabilidades críticas, como la inestabilidad en las cadenas de suministro de hidrocarburos y la persistente crisis de diésel derivada de la fricción entre potencias. Como lo plasmo en mi libro <em>La Tensa Calma: El entorno global, las organizaciones y el arte de mantenerse atento</em>, lo que sucede a miles de kilómetros ya no es ajeno: permea de forma directa la operación de nuestras organizaciones y mercados locales.

Nos leemos la próxima semana en otro desencuentro.