Encuentro de Negocios
El análisis semanal de economía, mercados y negocios en México y América Latina, con Bryan Ramírez Huerta.
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El análisis semanal de economía, mercados y negocios en México y América Latina, con Bryan Ramírez Huerta.
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Desencuentros — Por Bryan Ramírez Huerta
Hace unos días estuve en Perú, impartiendo una conferencia sobre Revolución 5.0, y nos encontramos con profesionistas y estudiantes interesados en cómo aplicar el uso de IA en los negocios. Un chico de nombre Frank expuso su idea: hiperpersonalizar herramientas como el CRM para pequeños negocios. Me pareció fantástico que estudiantes universitarios tengan claro qué hacer con las herramientas de IA; ahí expusimos el ejemplo de nuestro portal encuentrodenegocios.mx como una clara muestra del uso de IA en diferentes rubros.
En este andar entre la vida profesional, desde la corporativa y docente, he detectado una distancia peligrosa entre la auténtica adopción de la tecnología y el postureo corporativo que hoy domina el mercado laboral. En plena Revolución 5.0, donde el entorno exige una evolución constante, seguimos atrapados en una polaridad estéril: por un lado, quienes le dan la espalda al cambio por puro miedo al esfuerzo; por el otro, quienes confunden usar una interfaz básica con dominar el futuro.
El primer grupo lo conforman los resistentes por inercia. Profesionales y veteranos de distintas industrias que se atrincheran en el «siempre lo hemos hecho así», viendo cualquier avance tecnológico como una amenaza a su parcela de comodidad. Su rechazo no nace de una reflexión profunda, sino del hastío que provoca tener que aprender de nuevo. Se escudan en la experiencia acumulada para justificar un estancamiento absoluto, ignorando que la experiencia sin actualización se convierte en obsolescencia pura. Cuando el mercado los desplaza, prefieren culpar al algoritmo antes que a su propia resistencia a dejar de repetir recetas vencidas.
Sin embargo, el fenómeno opuesto resulta igual de preocupante. En el otro extremo pulula el ejército de los autodenominados «expertos en innovación». Son aquellos que descubren una herramienta de inteligencia artificial, aprenden a usarla de forma superficial y, de la noche a la mañana, se transforman en gurús del mañana. Llenan las redes sociales de discursos vacíos, tecnicismos de manual y promesas de disrupción que se esfuman en cuanto se rasca un poco la superficie. Confunden la velocidad con el progreso y la acumulación de herramientas con el pensamiento estratégico.
El problema de fondo en ambos casos es la falta de rigor intelectual. Nos hemos acostumbrado a los extremos: o huimos de la tecnología porque nos exige salir del piloto automático, o la trivializamos para convertirla en un accesorio de marketing personal.
Adaptarse a los nuevos tiempos no consiste en temerle a la máquina ni tampoco en aplaudir cualquier novedad digital con delirios mesiánicos. Exige madurez: la capacidad de integrar las herramientas con criterio, de entender que la tecnología amplifica lo que ya somos, ya sea talento o vacuidad. Mientras sigamos confundiendo el miedo al cambio con prudencia, y la superficialidad digital con genialidad, seguiremos dando tumbos en una era que exige profundidad y pensamiento crítico.
Nos leemos la próxima semana en una columna más de Desencuentros.