Encuentro de Negocios
El análisis semanal de economía, mercados y negocios en México y América Latina, con Bryan Ramírez Huerta.
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Más Allá del Juego — Por Fernando Galaz
El AC Milan es mi equipo favorito de Europa. Hoy tengo diez playeras del club y me ha tocado celebrar dos Champions League ganadas, además de sufrir una final perdida. Por eso, cualquier noticia relacionada con el Milan llama mi atención de inmediato. Esta semana no fue la excepción, aunque esta vez la noticia no tuvo que ver con un fichaje, un resultado o algún jugador, sino con algo que forma parte de la historia del equipo: su estadio.
El Milan y el Inter presentaron el proyecto del nuevo estadio que sustituirá al histórico San Siro, un lugar que durante casi cien años ha sido parte de la identidad del fútbol italiano. La noticia podría parecer simplemente un cambio de instalaciones, pero al revisar los números encontré una historia mucho más interesante.
Los dos clubes están apostando por un proyecto de aproximadamente 2,300 millones de euros, que incluye no solamente un nuevo estadio, sino también la transformación de buena parte de la zona que lo rodea. Una inversión de ese tamaño obliga a preguntarse por qué dos instituciones con tanta historia consideran necesario dejar atrás uno de los escenarios más reconocidos del fútbol mundial.
El nuevo inmueble se llamará Generali Stadium, tendrá capacidad para unos 71,500 espectadores y contará con espacios comerciales, restaurantes, zonas de hospitalidad y servicios que buscan transformar la experiencia de asistir a un partido. Su construcción está prevista para comenzar en 2028, con la intención de disputar los primeros encuentros durante la temporada 2031/32, siempre que se obtengan las autorizaciones necesarias.
Pero hay un detalle que me parece especialmente interesante: el estadio ya tiene un nombre comercial antes de que comiencen las obras principales. Generali, una de las compañías aseguradoras más importantes de Italia, será el patrocinador que dé nombre al inmueble. Esto nos muestra cómo ha cambiado el negocio del fútbol, porque hoy un estadio no solamente vende boletos; también puede vender su nombre, sus espacios, sus experiencias y la atención de millones de aficionados.
Durante décadas, San Siro fue suficiente para construir una historia deportiva extraordinaria. Ahí jugaron grandes figuras, se disputaron finales y se vivieron noches europeas que forman parte de la memoria de ambas aficiones. Sin embargo, un estadio con tanta tradición también tiene limitaciones comerciales frente a los recintos modernos, especialmente cuando se trata de ofrecer servicios prémium, organizar eventos y generar ingresos durante todo el año.
La diferencia está en que el nuevo proyecto no busca depender exclusivamente de los partidos. Alrededor del estadio se contempla una zona de aproximadamente 281,000 metros cuadrados con espacios públicos, comercios y opciones de entretenimiento. La intención es que el lugar tenga actividad incluso cuando ninguno de los dos equipos esté jugando, algo que ya forma parte de la estrategia de distintos clubes y propietarios deportivos.
También llama la atención que Milan e Inter, rivales históricos dentro del campo de juego, hayan decidido compartir nuevamente una inversión de esta magnitud. Detrás de ellos están RedBird Capital Partners y Oaktree, dos grupos de inversión que entienden al fútbol como una industria donde la infraestructura puede ser tan importante como contratar a un delantero. Compartir el proyecto permite distribuir una parte importante de los costos, aunque cada club seguirá compitiendo por aficionados, patrocinadores y resultados.
Por supuesto, una inversión de 2,300 millones de euros no garantiza que el negocio sea exitoso. Hay financiamiento, permisos, costos de construcción y proyecciones de ingresos que tendrán que cumplirse durante muchos años. Además, existe un debate que no se puede ignorar: el valor histórico y emocional del San Siro actual, cuya demolición parcial forma parte del proyecto. Para muchos aficionados, un estadio no es simplemente un edificio que puede sustituirse por otro más rentable.
Y esa es precisamente la parte que más me interesa de esta historia. Los propietarios deben encontrar la manera de hacer crecer los ingresos sin perder aquello que hizo valiosos a sus clubes desde el principio. El nuevo estadio podrá ofrecer mejores instalaciones, mayores oportunidades comerciales y una experiencia diferente, pero tendrá que construir su propia historia con los aficionados.
El Milan y el Inter están apostando a que su futuro económico necesita un nuevo escenario. San Siro, mientras tanto, nos recuerda que hay cosas que pueden calcularse en millones de euros y otras cuyo valor se construye durante generaciones. El verdadero reto será conseguir que el nuevo estadio tenga éxito como negocio sin perder lo que hizo especial al anterior.